La exposición
a benceno está relacionada con importantes problemas de salud,
la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer
(IARC, por sus siglas en inglés) lo clasificó en el grupo 1 cómo
cancerígeno en humanos, incluso establece una relación directa con
desarrollo de leucemias mieloides en adultos expuestos
ocupacionalmente.
El
benceno es un líquido incoloro de olor dulce, que se evapora al
aire rápidamente y es so ligeramente soluble en el agua. Es sumamente
inflamable. La mayoría de la gente puede empezar a detectar el olor del
benceno en el aire cuando está en concentraciones de 60 ppm y a reconocerlo
cuando la concentración alcanza los 100 ppm. El benceno
además del aire, también se encuentra en el agua y en el suelo.
Fuentes
principales
El
benceno proven
tanto de fuentes industriales como naturales. Entre las fuentes naturales
de benceno, entre las que se incluyen las emisiones volcánicas y los
incendios forestales, también contribuyen a la presencia de benceno en medio
ambiente.
Las
principales fuentes antropoxénicas de exposición al bencenos son el
humo del tabaco, las estaciones de servicio, los gases del tubo de escape
de los coches y las emisiones industriales. Los vapores o gases de productos
que contienen benceno como por ejemplo: pegamentos,
pinturas, cera para muebles y detergentes.
Referencia
legislativa
El valor del benceno para
la protección de la salud recogido en la Directivas 2008/50/CE y en el Real
Decreto 34/2023, del 24 de enero,
del 28
de enero,
relativo
a la mejora de la calidad del aire
es
5 µg/m3.
Efectos
en la salud
El
benceno es un agente cancerígeno que puede ocasionar graves efectos
para la salud, siendo lo más destacado la leucemia mieloide aguda.
También se observó asociaciones positivas para el linfoma en el Hodgkin,
leucemia linfoide, etc. Asimismo, está reconocido su potencial
mutaxénico, incluyendo su capacidad para provocar mutaciones
hereditarias, en las células xerminais de los humanos.
Además
de sus efectos cancerígenos en el sistema hematopoiético, el benceno
puede producir otros efectos agudos y crónicos en la salud. Una
exposición breve a concentraciones altas poder producir irritación,
mareos, náuseas, dolor de cabeza, convulsiones, pérdida de conocimiento,
alteraciones cardíacas e incluso la muerte, si los niveles fueran muy
altos.
Con
respeto a los efectos crónicos, el más destacado es la alteración
de los tejidos de médula ósea donde se producen las células de sangre.
Pudiendo producir anemias, hemorragias y la leucemia comentada
anteriormente. También tiene efectos perjudiciales para el sistema inmune
y el reproductor.